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Empire State Building: por qué para mí es el mejor mirador de Nueva York (aunque no tenga la mejor vista)

Nueva York tiene varios miradores para elegir, y cada uno tiene su truco para destacarse: pisos de vidrio, columpios sobre el vacío, plataformas que sobresalen del edificio. Pero para mí, ninguno le gana al Empire State Building. No es necesariamente el que tiene la mejor vista de la ciudad, pero sí es, sin dudas, el ícono de Nueva York — y eso, para mí, vale más que cualquier atracción interactiva.

Empire State Building: por qué para mí es el mejor mirador de Nueva York (aunque no tenga la mejor vista)

Por qué lo elijo por sobre el resto Los demás miradores de la ciudad suelen apostar por algo llamativo para atraer visitantes: una experiencia extra, un elemento fotografiable, algo "instagrameable". El Empire State no necesita nada de eso. Es, en sí mismo, el edificio que todo el mundo reconoce, el que aparece en cientos de películas, el que vas a ver una y otra vez desde distintos puntos de la ciudad durante todo tu viaje. Subir a su mirador no es solo ver Nueva York desde arriba: es pararte en el edificio que representa a la ciudad completa. Un poco de historia, para entender por qué es tan especial El Empire State nació, en parte, de una competencia: a fines de los años 20, Walter Chrysler (de la Chrysler Corporation) y John Jakob Raskob (de General Motors) competían por construir el rascacielos más alto del mundo. Mientras el edificio Chrysler ya estaba en marcha, Raskob impulsó este proyecto para superarlo en altura. Lo que sorprende hasta hoy es la velocidad con la que se construyó: arrancó el 17 de marzo de 1930 y se inauguró apenas 410 días después, el 1 de mayo de 1931, con más de 3.000 obreros trabajando en plena Gran Depresión. Con sus 102 pisos y 381 metros de altura h